Diario de Sesiones 75/2017, de fecha 9/5/2017 - Punto 1

9L/DI-0016 DECLARACIÓN INSTITUCIONAL CON MOTIVO DEL DÍA DE EUROPA.

La señora PRESIDENTA: Comenzamos esta sesión plenaria, y lo hacemos con la declaración institucional, a la que vamos a dar lectura seguidamente, con motivo del Día de Europa.

Comienzo, señorías.

"El viaje que se inició en Roma hace sesenta años fue el resultado de la elección de políticas ilustradas, audaces, visionarias y de apoyo.

Los tratados de Roma significaron el comienzo del proceso de integración europea, al establecer el marco de la acción política y legislativa de las instituciones comunitarias.

Al cumplirse sesenta años de esta histórica fecha, ponemos en valor los logros conseguidos, como una paz duradera, la propagación del respeto a los derechos humanos, la libre circulación de personas, servicios, bienes y capitales; el euro, nuestra moneda común; el programa Erasmus, que cuenta con millones de estudiantes y que les ha permitido convertirse en ciudadanos y ciudadanas europeos; y la política de cohesión, que permitió la reducción de los retrasos en el desarrollo y alentó el crecimiento de todas las regiones.

El 60.º aniversario es también un momento para responder a las demandas de la ciudadanía y profundizar en el papel de las regiones, en la definición y el diseño de la Europa del siglo XXI.

También celebramos el 20.º aniversario de la declaración fundacional de la Conferencia de Asambleas Legislativas Regionales Europeas (Calre), sellada en Oviedo en el año 1997, por lo que este año se presenta como una ocasión especial para entablar una reflexión profunda sobre el futuro de la Unión.

Europa atraviesa momentos de incertidumbre y debe encarar nuevos desafíos en política económica y social, seguridad y lucha contra el terrorismo. Debe abordar la continua crisis económica, el auge de los movimientos antieuropeos, la recuperación de la confianza en las instituciones, la lucha contra el cambio climático, la sostenibilidad de los recursos del planeta, los riesgos y efectos de los desastres naturales, las consecuencias del brexit o la grave crisis de refugiados a las puertas de la Unión Europea, por citar algunas de las cuestiones más acuciantes.

La historia nos vuelve a situar, como pasó hace sesenta años, en un momento crucial para definir el papel de Europa, por lo que ahora, más que nunca, tenemos la obligación de representar fielmente a la ciudadanía, con unidad, responsabilidad, garantizando los principios generales del derecho de la Unión.

La identidad europea tiene un claro arraigo histórico en sus regiones, ciudades y pueblos; y también en los parlamentos regionales europeos, pues representamos un puente entre la ciudadanía y Bruselas.

En este sentido, la Calre debe desempeñar un papel de interlocución fundamental para las consecuciones de este objetivo, y trasladar su opinión a la hora de debatir y aprobar las leyes que afectan a todos y a todas en el seno de las instituciones europeas, ya que, como marcan nuestros tratados y el principio de subsidiariedad, las decisiones de la Unión Europea deben tomarse en el nivel práctico más próximo a la ciudadanía.

Calre se compromete a promover un proceso de toma de decisiones más democrático, transparente, en el que las regiones dispongan del margen de maniobra necesario para proteger y reforzar su papel, su potencial de innovación y de crecimiento.

Ante las corrientes antieuropeístas que ponen en cuestión la labor de los gobiernos y de los parlamentos, y que aseguran que Europa es un problema, nosotros, nosotras, afirmamos que Europa es la solución a las demandas e inquietudes de la población, con el conocimiento necesario para considerar conjuntamente la dimensión económica y social de la ciudadanía de la Unión Europea. Para ello, debemos promover la democracia europea y la ciudadanía activa, y garantizar los derechos fundamentales, la igualdad de oportunidades y un desarrollo armonioso y sostenible de acuerdo con nuestros objetivos de cohesión económica, social y territorial, considerando la diversidad de los territorios de Europa y sus diferentes necesidades. Solo entonces se pueden fomentar las oportunidades de crecimiento para todas las regiones, independientemente de sus características: islas, archipiélagos o regiones montañosas; y reducir la distancia a los centros de decisión, específicamente, las regiones ultraperiféricas, como nosotros, construyendo una Unión más justa y solidaria, donde todos sus ciudadanos y ciudadanas se sientan parte integrante del proyecto europeo y sean conscientes de sus beneficios.

Sería poco realista hoy afirmar que los ciudadanos y las ciudadanas tienen una percepción de la Unión Europea como una entidad cercana a sus problemas y la resolución de estos.

Una de las razones de esta creciente crisis de confianza, y más aún de representación democrática, radica en la distancia cada vez más percibida entre las comunidades locales, regionales, y el proceso de toma de decisiones europeo.

El papel central anunciado de las autoridades locales descentralizadas, previsto en el Tratado de Lisboa, no se ha realizado en una verdadera perspectiva de subsidiariedad y participación en el proceso legislativo europeo. De este modo, las autoridades locales y regionales siguen siendo, casi siempre, solo los destinatarios finales de las políticas de la Unión Europea; en lugar de ser las protagonistas reales de su elaboración, especialmente, en lo que se refiere a la evolución legislativa.

Calre apoya una Europa construida dentro de la relación entre libertad y autonomía. Esto recuerda la necesidad de garantizar la autonomía a los diversos niveles de gobierno en los que el ejercicio del poder se divide vertical y horizontalmente, y se basará en las personas, en la confianza a nivel institucional, en la riqueza, en las energías que fluyen del pluralismo institucional.

Tenemos la obligación de escuchar la voz de la ciudadanía y actuar con eficiencia y eficacia. Es momento de consensos y de política con mayúscula. Es momento de más europeísmo y de una mejor Europa, y de situar a las personas en el centro de la toma de decisiones. Por ello, la Unión Europea deberá ser capaz de abordar el impacto desequilibrado de la globalización en la vida de la gente; y luchar contra el desempleo, sobre todo el que afecta a nuestros jóvenes, con instrumentos de gobernanza apropiados y medios financieros también adecuados. Y también deben aumentar la competitividad y el desarrollo de una política económica supeditada a la generación del bien común, para hacer posible la cohesión social y también la territorial. Y también deberá comunicar sus políticas de manera centralizada, tener responsabilidades políticas más claras y transparentes, reforzar el papel de la Unión como actor mundial clave; y hacer del continente un espacio seguro, donde la libertad, la seguridad y la justicia estén garantizadas para todas y para todos.

En este Día de Europa, los parlamentos de las regiones de Europa nos comprometemos a impulsar estos objetivos y reafirmamos nuestro papel central como nexo de unión necesario junto a los gobiernos regionales, junto a la ciudadanía y a las instituciones de la Unión Europea. ¿Para qué?, para contribuir a fomentar un amplio intercambio del proyecto europeo entre la ciudadanía y, además, convertir a nuestro continente en una gran potencia democrática, cultural y económica que garantice en su interior los derechos fundamentales de la población y los valores que sirvieron de base para la fundación de la Unión Europea. Paz, igualdad, justicia y, además, todos estos recogidos en el artículo 2 del Tratado de Maastricht.

Nosotros, nosotras, los representantes regionales que nos encontramos más próximos a la ciudadanía, podemos aportar una valiosa contribución para transformar el escepticismo actual en esperanza y consolidar a nuestro continente como un espacio en el que la ciudadanía constate que su opinión tiene un auténtico peso y las personas se sientan seguras.

Voy finalizando.

Hace sesenta años, Europa inició el camino para alcanzar un espacio de paz y libertad. Tras un periodo de guerras y sufrimiento para la población, nada impide ahora que todos juntos fortalezcamos a la Unión para convertir verdaderamente nuestro continente en la Europa de las personas".

Muchas gracias. (Aplausos).

Muchas gracias, señorías.

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